Never let me go
Hace poco terminé de leerme Nunca me abandones, de Kazuo Ishiguro. Hacía milenios que estaba en la estantería pero al final cayó.
Y qué gran pérdida habría supuesto de haberse quedado allí esperando... puedo considerarme afortunada de haber encontrado dos libros capaces de tocarme la fibra en lo que va de año: Tokyo Blues: Norwegian Wood y este que nos ocupa. Curiosamente, ambos de autores japoneses.

Este libro es todo lo que La Isla tendría que haber sido. Y más. Aunque la historia es comedida, intimista, sin detalles morbosos de ningún tipo... nunca un libro había logrado darme tan mal rollo. De hecho tenía que dosificar porque al cabo del rato se me acababa poniendo genuino mal cuerpo. Ya podría aprender Stephen King... por mi parte, nunca volveré a mirar la palabra 'donación' con los mismos ojos.
Y lo más horrible de todo no es el destino que aguarda a los protagonistas... sino la mansedumbre con la que lo afrontan. Ninguno intenta huir o rebelarse. Apenas hay dos conmovedores destellos de genuina frustración que no hacen sino realzar la absoluta falta de libre albedrío que se respira durante toda la novela. Y no me parece tan alejado de la realidad como algunos dicen.
En fin. Al margen de mis dudosas capacidades de crítica literaria, valoro mucho cuando un libro logra emocionarme - sea esta emoción de la índole que sea. Notable alto.













