Iba a poner que escribo desde mi nueva posesión más preciada, pero no sé si es del todo cierto. La colección de fanzines y rarezas tiene un recoveco muy hondo en mi pervertido corazoncito y seguramente vale más que este ordenador (lo cual es un tanto preocupante). Bueno, en todo caso, estoy escribiendo desde mi Mac. Un pequeño monstruito con corazón de i7, ocho gigas de RAM y un SSD para rizar el rizo.
Me lo compré justo antes de que me mandaran a Irlanda, razón por la cual no había tenido ocasión de usarlo demasiado hasta que la semana pasada me lo traje a Dublín. ¡Y madre mía! Ahora tocar el del trabajo resulta todavía más deprimente. Ni siquiera he vuelto a encender el HP viejo, ahora sí que lo reservaré para viajes y para cuando me apetezca jugar al WoW - que no parece ser muy a menudo.
Hacía mucho, mucho tiempo que quería uno. Y no (sólo) por el rollo de "es que son muy bonitos y molan mucho". No, mi historia con Apple es más larga que todo eso. Me crié con un Apple II (ah, aquellos tiempos del manzana-control-reset) y posteriormente le di buen uso a un Macintosh LCIII que por cierto todavía conservo y sigue funcionando como el primer día. No toqué un aparato con DOS o Windows hasta los 16 años, y en su momento recuerdo que me repateó el cambio. ¡Vaya mosqueo me pillé con mi padre cuando descubrí que había comprado un PC vulgar y corriente!
Luego me acostumbré, claro está. Qué remedio. Pero había algo que quería volver a los orígenes. Así que me dediqué durante años a acariciar la idea, aullándole a la luna como quien dice. Hasta este junio. Y debo decir que dinero bien gastado, le pese a quien le pese. A nivel de hardware es una auténtica belleza y a nivel de software va como un tiro. Pero hay... algo más. El OS X, a pesar de todos los cambios y modernidades, sigue teniendo un funcionamiento básico muy similar al 7 que utilizara yo en tiempos ya remotos. Así que en cierto modo... ha sido como volver a casa. Tecla comando, el Finder, que cerrar ventana y cerrar aplicación no sean lo mismo, arrastrar a la papelera para desmontar volúmenes... todo eso sigue allí. En otras palabras, después de dos miserables semanas me siento mucho más cómoda con él de lo que me temí en un principio. Y el apartado visual, pues espectacular, claro. Me cuesta soltarlo - justo lo que me hacía falta <ironía> Pero así da gusto <3
PD: Por cierto, la maquinita en cuestión se llama Senbonzakura por tan frikis como evidentes razones. Estaba claro que el iPod Touch que me merqué para que le hiciera compañía se acabaría llamando Sode no Shirayuki xDD
1 つのコメントがある:
Pedazo de maquinón ¿no? ahora a disfrutarlo :)
Publicar un comentario en la entrada
ようこそ!
Cualquier comentario será bien recibido ^^