viernes 4 de noviembre de 2011

Capas

Un ejercicio de imaginación que me gusta llevar a cabo de cuando en cuando es "quitarme capas". Es decir, coger un tema que entre dentro de mi campo de aficiones y borrarlo de un plumazo. Empezar a tirar del hilo, a investigar lo que ello conllevaría... y tratar de discernir qué persona quedaría debajo. Por supuesto, todo deja su huella. Pero hay algunas cosas que están tan rematadamente imbricadas con los recovecos de la mente que es muy difícil, casi terrorífico, concebir qué habría pasado si nunca las hubiera descubierto.

Supongo que, como en todo, no hay forma de saber qué es lo que te va a golpear con más fuerza. Pero sí que con los años creo que se desarrolla la habilidad de detectar, incluso al poco tiempo, lo que va a dejar una marca duradera en el alma. Se acaba viendo enseguida lo que será una afición pasajera y lo que dejará poso. Lo que años después seguirá ahí, tal vez no con la misma intensidad, tal vez no en primera plana, pero siempre ahí.

Últimamente le he estado dando más vueltas de lo habitual. Y acabé aislando dos motivos que pronto decidí que se convertirían en sendos tatuajes. Porque creo que un tatuaje debe reflejar amores de alto calibre. Ahí están los que me hice en 2004 en el impulso del momento, pero de los que no me he arrepentido ni un solo día. Claro que me aseguré de que tuvieran un doble significado donde el segundo —y dicho sea de paso, público ;)— fuera todavía más improbable que se desvaneciera. No había razones para tener miedo: siete años después, la raíz sigue tan viva como siempre.

El primero no es precisamente lo más original del mundo, pero era más que obvio y me lo tendría que haber hecho ya hace años:

A Tolkien le debo tantas cosas que no sé ni por dónde empezar. Los libros, sí. La Tierra Media. Ese escalofrío en la columna vertebral cada vez que veo La Comunidad del Anillo y Gandalf ilumina las salas de Moria. Pero también fue lo que me hizo conocer a algunas de las personas que más aprecio en este mundo, y el catalizador último de mi amor por los idiomas, tanto reales como inventados. Y todo lo que ello conllevó —lo que viene siendo la inmensa mayoría de los libros de ensayo que tengo—. Se dice pronto. Por cierto, que la semana pasada tuve ocasión finalmente de visitar su tumba en Oxford... fue un momento de lo más evocador :) Aunque por desgracia sólo pude dejar mis pensamientos.

El segundo data de hace menos tiempo, de hecho en cierto modo podría decirse que es bastante reciente... pero como ya he dicho, confío en mi instinto:

Después de nueve intensos meses y de que me haya incitado a escribir otro fanfic, creo que Bleach se ha ganado a pulso un puesto en mi galería. Hay que entender las circunstancias, también... esos recuerdos de estar ultimando el proyecto, trabajando durante horas mientras escuchaba A Perfect Circle, donde sólo la perspectiva de descansar viendo un par de episodios de la Sociedad de Almas ofrecía algo de solaz, probablemente me acompañarán a la tumba. Por no mencionar que tiene como poco dos momentos que cada uno en su día me llegaron muy, muy hondo...

Va más allá de esta serie en concreto en realidad... los primeros tatuajes también vienen de lo que al fin y al cabo es quizás mi otro gran puntal espiritual: Japón. Idioma, mitología, cultura antigua y moderna, manga y anime. El culpable de buena parte de mi sentido estético, entre otras cosas. Supongo que así se resume bien mi caso particular: Tolkien y la tradición del norte de Europa; Japón y toda la herencia cultural extremooriental.

1 つのコメントがある:

Homo libris dijo...

En cierto modo me ocurre como a ti: cuando vuelvo la vista atrás, pasados los años, es cuando voy viendo qué y quiénes me influenciaron y en qué medida. Posiblemente (absolutamente) yo no sería el que soy sin Tolkien.

Él cambió mi forma de entender la literatura, y su obra me ha venido acompañando desde que la leí por vez primera. Los libros, la música, la fantasía... un importante lugar en común con tanta gente a lo largo de los años, antes de que llegase la moda de las películas y de que el rodillo de la mercadotecnia llegase arrasando.

Otros de mis referentes ineludibles son Félix Rodríguez de la Fuente (como el de varias generaciones de biólogos y profesionales del medio ambiente de este país) y Miguel Delibes, padre, para un servidor el autor insignia, mano a mano con nuestro querido profesor.

Fantasía y realismo, por tanto, amor por la naturaleza, por los simples, por los inocentes. Tal vez no sea tan descabellado. Quizás por eso pienso como pienso.

Un abrazo y, como siempre, un placer leerte (y releerte, porque mira que he tardado en poder volver por aquí y escribirte, como dije que lo haría. :))

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